Cayara es una hacienda fundada en 1557, doce años después que la Villa Imperial de Potosí. Pasó por varias familias a lo largo de cuatro siglos y la familia que hoy la atiende la restauró conservando su arquitectura original. Hoy es hotel y museo a la vez: se duerme entre muros coloniales, salones con techos pintados al fresco y mobiliario de época.
El museo ocupa ocho salas: arte religioso de los siglos XVI y XVII, una biblioteca con libros de 1650 y los títulos originales de la hacienda, piezas de la Conquista, de la Independencia y de la Guerra del Pacífico, y la sala que, según la historia de la casa, ocupó el Mariscal Sucre antes de la fundación de Bolivia. La capilla, la parte más antigua, conserva un retablo dorado a la hoja.
La hacienda sigue viva como finca. Su lechería de estilo suizo abastece el desayuno con queso fresco, nata, yogur y manjar, y una pequeña central hidroeléctrica histórica, con máquinas Siemens de su época, sigue generando electricidad. A 3.550 metros, unos 500 m por debajo de Potosí, es una base tranquila para conocer la ciudad Patrimonio de la Humanidad y volver a dormir en el campo.




